El ajuste de la silla de montar II: estado y posición

El estado de conservación.

Para comenzar con el ajuste de la silla el primer paso debe ser observar el estado de la montura y accesorios. Para ello es necesario realizar una revisión en la que valoremos el estado del material y en el caso de las sillas de piel, haremos especial hincapié en la conservación del cuero. Esto es debido a que los cueros que no se han mantenido correctamente, pierden elasticidad, lo que puede generar zonas más afiladas en las costuras. Además, la antigüedad de la silla puede ocasionar clavos salientes, puentes fracturados, descosidos y otros problemas de mantenimiento que pueden hacer que, aún disponiendo de una silla conformacional y estructuralmente ajustada a nuestro caballo, nos genere algún tipo de lesión. Es altamente recomendable seguir las recomendaciones de mantenimiento del fabricante.

La simetría.

Otro de los aspectos que debemos de valorar es la simetría de la silla, tanto viéndola desde arriba como viéndola desde abajo. Con el tiempo y debido a muchos factores, a veces aparecen asimetrías que van a hacer que no recaiga igual peso en ambos lados del dorso del caballo, lo que dificulta su biomecánica, puede afectar al rendimiento y generar lesiones. En ocasiones, las pérdidas de simetría son muy sutiles, por lo que puede ser de ayuda trazar unas referencias externas. En estos casos, conviene remitir nuestra silla a un guarnicionero que implemente las mejoras necesarias para reequlibrar la silla y su simetría.

 

 

 

 

 

La posición de la silla.

En el posicionamiento de la silla debemos de considerar dos referencias anatómicas: la escápula y la última costilla.

 La escápula.

 El borde dorsal de la escápula lo podemos palpar en el caballo, con más o menos dificultad dependiendo de su conformación y desarrollo muscular, si descendemos desde la cruz siguiendo una línea oblicua hacia la punta del hombro, como vemos en la siguiente imagen.

 En relación a esta referencia la silla no debe de contactar ni obstaculizar la escápula, ya que esto además de generar dolor, limita la biomecánica del caballo dado que la escápula rota en sentido horario para extender el miembro anterior hacia adelante. El formato de algunas sillas, como las de salto con grandes faldones, puede llevarnos a engaño pues aunque el faldón pueda solaparse ligeramente con la escápula, este no es el punto de presión de la estructura de la silla ni de presión de la pierna, que es en definitiva lo que podría ser un impedimento a la biomecánica y lo que cabe valorar en este tipo de sillas. Por el contrario, en sillas de doma la valoración se hace mucho más fácil por ser su faldón alargado.

La última costilla.

La silla no debe de rebasar en ningún caso el límite constituido por la vértebra en la que se inserta la última costilla; ésta es fácilmente palpable y si seguimos su trayecto hasta la columna vertebral nos delimitará la barrera que no debe de franquearse con la silla.

  

Malas colocaciones y sus consecuencias.

 En relación a las referencias dadas, nos podemos encontrar con sillas colocadas demasiado hacia adelante o demasiado hacia atrás. En el caso de las sillas colocadas demasiado hacia adelante, además de los perjuicios que pueden ocasionar en cruz, escápula y biomecánica del miembro anterior, van a inclinar la silla hacia atrás, de manera que el peso del jinete se va a cargar anómalamente de manera demasiado posterior, dificultando tanto su biomecánica como la del caballo. El caso contrario, supone que el peso del jinete se va a dirigir hacia la cabeza del caballo sobrecargando cruz y espaldas. 

 El objetivo final es que respetando tanto la simetría como el posicionamiento anatómico de la silla, obtengamos una biomecánica adecuada de nuestro caballo y una distribución de pesos homogénea en su dorso, evitando lesiones y potenciando el rendimiento deportivo.

 

 

 

 

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